¿La web está muriendo?

Obsesionados por tener una web

A día de hoy, parece una obviedad que si vamos a montar una empresa o cualquier otro proyecto, necesitamos una web. Es básicamente por donde solemos empezar nuestra estrategia digital: un lugar en medio del océano digital al que puedan llegar los usuarios que necesitan nuestros servicios… 

Pero este lugar cada vez está más colapsado por la inmensa cantidad de páginas que aparecen, en la mayoría de los casos, para quedarse como webs zombies de las que todo el mundo se desentiende. Y es probable que la nuestra, si no la hacemos con cabeza, acabe abandonada en este cementerio digital.

Hemos llegado a un punto en el que mientras unos aún luchan por tener una web decente, otros ya no ven el sentido a perder el tiempo en crear una nueva. Una gran parte de las empresas se encaprichan en ofrecer todo a través de su página, y dirigir una gran cantidad de tráfico hacia ella… Esto es lo que suele suceder cuando nuestros KPIs se basan en  las sesiones. 

Otros, en cambio, han descubierto que pueden cumplir sus objetivos usando otras plataformas sin la necesidad priorizar que el usuario llegue a su página.

Web vs UX

Desde hace tiempo la innovación digital parece dar vueltas sobre un mismo objetivo: mejorar la experiencia del usuario. Y todas las webs parecen estar deacuerdo en la importancia de este objetivo. Pero la realidad es que para mejorar la UX a veces lo que necesitamos es eliminar pasos entre el canal y objetivo final, y precisamente las webs suelen ser un paso intermedio y no siempre necesario. 

Esto es lo que pasa, por ejemplo, en un proceso de compra, desde que un usuario ve un anuncio en Facebook hasta que convierte. En este caso saltar a la web puede ser un paso más molesto que otra cosa. Lo mismo sucede cuando queremos ver el horario de apertura de un restaurante y no está en Google business. De nuevo, obligar al usuario a entrar en la web puede ser frustrante.

Si no usamos una web ¿qué usamos?

Bueno, en el fondo no hablamos de dejar de usar las webs, sino de la obsesión por crear una nueva cuando hay otras más conocidas ya están haciendo lo mismo. En realidad los usuarios ya estamos comenzando a evitar este tipo de páginas cuando navegamos:

Las redes sociales nos ofrecen contenido, en texto, imágenes y vídeos, y además tienen la capacidad de entender nuestras preferencias mejor que cualquier blog. Del mismo modo, normalmente preferiremos comprar en un Amazon, con el que ya estamos habituados, antes que en un pequeño e-commerce desconocido. Y en general solemos buscar los datos de empresa como el horario, ubicación, menú, etc., directamente en Google business o en el perfil de FacebookAdemás podemos ver como las búsquedas por voz comienzan a resolver preguntas estándares, como el tiempo, titulares de noticias, etc.

Como podéis ver, más que de una “extinción”, hablamos de una centralización. Entonces, ¿qué puedo poner en mi página web que no se esté ofreciendo ya a través de todas otras plataformas? Bueno, la gran pregunta es si realmente tiene sentido crear una web para cualquier proyecto que tengamos. 

Lo primero que deberíamos pensar es si estamos ofreciendo una funcionalidad nueva o cubrimos una necesidad diferente de las que ya podemos encontrar hoy por hoy en otro sitio. De lo contrario, quizás sea mejor aprovechar los recursos que tenemos al alcance y a los que el usuario ya está acostumbrado. 

No es solo un tema de webs, sino de dispositivos

Actualmente usamos los mismos dispositivos para todas nuestras “necesidades digitales”. A veces buscamos una buena experiencia, como mirar una película, leer una noticia o escuchar una canción. Mientras que otras veces navegamos con un objetivo claro, y lo que queremos es cumplirlo con el mínimo esfuerzo, como, por ejemplo, hacer la compra del súper, reservar en un restaurante, encontrar una receta de cocina, etc.

Lo curioso es que para estas dos necesidades tan distantes usamos el ordenador, la tablet o el smartphone indistintamente. Es decir, tanto si queremos una buena experiencia como cumplir con una tarea rápidamente, el formato donde navegamos es el mismo, cuando, en realidad, tenemos la posibilidad de adaptar los dispositivos a cada caso para maximizar la experiencia del usuario.

¿No sería lógico tener un dispositivo diferente para cada uno de estos objetivos? En mi opinión, esto es lo que está sucediendo, ya que mientras los asistentes de voz parecen centrarse en facilitar las necesidades más inmediatas con la máxima comodidad y rapidez, como reservar hora en una peluquería con Google Assistant, la realidad virtual podría estar ofreciéndonos en pocos años experiencias muy superiores a las que nos ofrece la pantalla del ordenador o del móvil. ¿Dónde estarán las webs entonces?

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Licenciado en ADE por la UB y con un Máster en Marketing Digital por ESIC. Actualmente trabajando en la industria farmacéutica y, como buen adicto a los líos, emprendiendo proyectos personales para divertirme.

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