La desaceleración de China y su impacto en la economía mundial

China tiene un gran problema. Y eso también es un gran problema para el resto de economías. La segunda mayor economía mundial se está desacelerando (y muchos temen que a mayor velocidad de lo que reconoce el gobierno chino); pero lo más preocupante es la amplitud de los países, empresas y personas que se ven afectados por la desaceleración del gigante asiático.

Las empresas europeas se están preparando para el hundimiento de las ventas. Incluso las empresas estadounidenses que tienen poco volumen de negocios se están viendo afectadas, lo que hace que algunos analistas prevean incrementos de la tasa de paro debido a que China es el mayor importador de los bienes producidos por algunas naciones.

El crecimiento económico se está desacelerando en América Latina. Por poner un ejemplo, el 24% de las exportaciones chilenas van a China (datos de mayo de 2015, vía ElEconomista México. Datos de la evolución, en el Informe s/Com.Exterior de Chile), lo que constituye un 7,1 % del total de la economía del país sudamericano (datos marzo 2015, recogidos por Lignum de un estudio de UBS). Ello supone una dependencia enorme para conseguir crecimiento económico, además de una exposición directa al declive económico chino, aspecto que puede afectar directamente al crecimiento de Chile.

Ahora que China importa menos bienes y materias primas, eso perjudica a la capacidad de generar riqueza de las economías de esos países exportadores y a los precios de dichas materias primas (artículo vía Expansión).

Las empresas globalizadas no pueden esconderse de la desaceleración de China. Casi cualquier empresa con alguna conexión con el país asiático se está viendo afectada.

Empresas automovilísticas poderosas como Audi, BMW o Volkswagen están registrando una fuerte caída de sus ventas en el país asiático; otras como Orbea y Fagor ya han descentralizado su negocio, centrándose en sus fábricas vascas (vía EITB). Marcas de lujo como Prada, han visto decaer sus beneficios y se están planteando cerrar algunas de sus unidades de negocio en suelo chino debido a las preocupaciones sobre la demanda del país asiático, combinada con la política actual de precios bajos (vía Reuters). No se salvan ni gigantes tecnológicos como Apple y Microsoft. Las ventas de “la manzana” en China registran una gran alza respeto a las de hace un año, pero sus ingresos han caído entre el segundo y tercer trimestre de este año.

Sea por motivos coyunturales o estructurales, lo que está sucediendo en China causa gran preocupación y se defiende que debe continuar con las reformas, con el objetivo de aumentar el consumo interno (aunque solo justifique el 30% del PIB). Ello evidencia que debe esforzarse también en las exportaciones, produciendo mercancías de mayor valor añadido.

Para realizar el conjunto de acciones, el gobierno chino dispone de 3,6 billones de dólares de reservas que le permitirán amortiguar los choques que se produzcan debido a los ajustes.

En el siglo XXI, la globalización ha alcanzado cotas muy altas, hecho que, aplicando a la economía el proverbio chino que da forma al concepto Efecto Mariposa (“el aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”), nos indica que si un país sufre económicamente en el otro lado del mundo, ello nos puede afectar. Y más cuando ese país es una superpotencia (aunque todavía emergente) mundial.

Fuente fotografía: www.pbs.org 

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