Cambios en los hábitos de consumo: Consumo Colaborativo (I)

Desde hace algunos años, los hábitos de consumo (sobretodo entre la población joven y de mediana edad) han variado sensiblemente respecto a la situación en la anterior década.

Debido al aumento en el uso de las redes sociales y las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, han aumentado las posibilidades de interaccionar por tal de colaborar (incluso creando confianza con desconocidos mediante la reputación online) y obtener un beneficio mutuo. Se puede ver en casos que van desde optimizar algunas acciones, por ejemplo, compartir vehículo en un trayecto que se tenía pensado hacer [véase Amovens], hasta facilitar el acceso al uso, vía alquiler entre particulares, de herramientas [véase Zilok].

Dichos cambios en la manera de consumir pueden ser explicados por diversos factores, además del factor ya mencionado de la mejora de la interacción provocada por las redes sociales. Otros factores en juego irían desde la racionalización del gasto (debido al contexto económico, se analiza de manera más profunda cómo aprovechar al máximo nuestro poder adquisitivo) hasta el aumento de la concienciación social/refuerzo de los valores a la hora de consumir (el hecho de compartir coche implica, indirectamente, una “apuesta” por la mejora del medio ambiente), sin olvidar el cambio respecto el sentimiento de posesión de las nuevas generaciones (por ejemplo, Spotify. No necesitas poseer el CD si no tener acceso a las canciones que quieres) o cómo se influencia al consumidor (quién a día de hoy da más importancia a la reputación online [redes sociales, comentarios autentificados,…] que a acciones de marketing tradicionales).

Ello nos lleva desde un consumidor pasivo (aquél que simplemente escogía entre diversas marcas y con los medios de comunicación tradicionales como fuente de información) a un consumidor activo (aquél que busca interactuar con las marcas, que da valor a la reputación online y participa de ello, tanto ofreciendo su experiencia como siendo proveedor de servicios, como el compartir un huerto [véase Huertos Compartidos].

¿Hablamos realmente de consumo colaborativo cuando hablamos de…?

Realmente, el hecho de colaborar por tal de obtener un beneficio común no es algo nuevo. De hecho, parte de los éxitos del ser humano han radicado en el trabajo común por tal de obtener una meta determinada. En el caso del consumo colaborativo no es fácil determinar qué es realmente consumo colaborativo.

Desde la web de Consumo Colaborativo destacan el hecho de poder acceder (o permitir el acceso) como clave para entenderlo. Desde la web de Amovens, su fundador, Diego Hidalgo, nos hace una reflexión sobre ciertas actividades acerca de si son consumo colaborativo (por facilitar el acceso como proveedor) o es una rentabilización de los bienes que se poseen, dependiendo el uso que se haga [ver aquí].

¿Cuál sería el principal problema del consumo colaborativo?

La falta de una regulación clara respecto su actividad y, por ende, la falta de reconocimiento de la misma. Dicha regulación debe ser estudiada por los diferentes agentes, por tal de fijar unas normas y condiciones adecuadas, lo que permita dar seguridad jurídica. (Ej: Amsterdam y la regulación de alojamientos turísticos de websites como Airbnb. Ver aquí].

La próxima semana, en la segunda parte de este artículo, expondremos diferentes proyectos, según su función, de consumo colaborativo, por tal que puedan ser de ayuda para vosotros, los lectores.

Imagen desde www.ronniearias.com

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Cofundador de Markonomia. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universitat de Barcelona (EUS) y master en Business Intelligence y Big Data en Universitat Oberta de Catalunya. Cerca de 5 años desarrollando proyectos de análisis de datos en el sector bancario. Fotógrafo freelance en eventos deportivos nacionales e internacionales.

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