Pobreza energética: comparativa de España con el resto de la UE

Entendemos por pobreza energética la “incapacidad de un hogar de satisfacer una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas, como mantener la vivienda en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud (de 18 a 21 grados en invierno y 25 en verano, según los criterios de la Organización Mundial de la Salud”, según la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA).

En España es un problema muy serio y poco conocido, con una parte de la población incapaz de pagar una cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y pagando facturas energéticas proporcionalmente elevadas (más de un 10% de sus ingresos anuales).

Según el estudio de la ACA titulado “Pobreza, vulnerabilidad y desigualdad energética” publicado el pasado mes de abril de este mismo año (el último de una sucesión de tres), 5,1 millones de ciudadanos españoles no pueden calentar sus viviendas en invierno, lo que representa un 11,1% de los hogares, por encima de la media europea que está en 10,2% y un incremento del 22% respecto al 2014.

Las Comunidades Autónomas que más sufren la pobreza energética son: Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia, es decir, zonas rurales o escasamente pobladas, mientras que el País Vasco, la Comunidad de Madrid y el Principado de Asturias son las menos afectadas.

La crisis sufrido en nuestro país ha sido uno de los principales causantes para este aumento significativo de las tasas, afectando especialmente a las personas desempleadas y a los jubilados que cobran la paga mínima, haciendo que el 21% de los hogares en paro registren retrasos en el pago de las facturas (un total de 3,2 millones de personas).

Más datos para comprender mejor la precaria coyuntura que vive el estado español. Un 6% (2,6 millones de personas) dedican más del 15% de sus ingresos familiares al pago de las facturas energéticas, mientras que un 3% (1,3 millones) gastan más de un 20% de sus ingresos en energía cuando lo ideal sería gastar no más de un 5%.

Pero el tema más preocupante y que reviste mayor gravedad es el hecho de que la pobreza energética está causando alrededor de un 30% de las muertes adicionales que se producen en invierno, según estima la Organización Mundial de la Salud (OMS) con más de 7.000 fallecimientos prematuros (de un total de 24.000) estarían asociados a la pobreza energética, por las 1.129 víctimas mortales en accidentes de tráfico en territorio nacional.

España carece de políticas concretas para la eliminación de la pobreza energética, aunque se pretenden poner en marcha medidas para solucionarlo, tales como:

  • Diseñar una estrategia para mejorar la eficiencia energética de los edificios.
  • Reformulación del bono social actual.
  • Cambios legislativos en el ámbito de los suministros y ampliar el acceso a los fondos de ayuda.
  • Fomentar programas de formación en temas de hábitos de consumo y eficiencia energética, como el Punto de Información al Consumidor Vulnerable (PICv).

A nivel europeo, España es el 4º país de la UE con más hogares incapaces de mantener una temperatura conveniente y, según Eurostat, el 5º país con la luz más cara para los consumidores domésticos. Y es que, entre el 2008-2014, el encarecimiento en nuestro país de electricidad y gas ha sido de un 73% y un 67% respectivamente.

De todas maneras, podemos concluir que la pobreza energética es una realidad que afecta a todos los Estados Miembros de la UE (54 millones de personas y más del 10% del total), con notables diferencias entre países, ya que por ejemplo en Bulgaria le afecta a más del 40% de sus habitantes, mientras que en Dinamarca, Finlandia, Suecia, Holanda o Austria, las cifras son inferiores al 3%. A destacar los avances en el Reino Unido, Irlanda, Francia o Eslovaquia, los cuales cuentan con una definición legal de pobreza energética, factor esencial para adoptar medidas que nos lleven a combatir y erradicar uno de los problemas que acechan con más insistencia y perseverancia a nuestra sociedad.

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