Ley para inmigrantes en Alemania, ¿acogida o integración forzada?

Hace aproximadamente un año empezó la gran oleada de inmigrantes provenientes básicamente de Siria, Iraq y Afganistán huyendo de la situación en la que se encontraba (y se encuentra) su país. Alrededor de un millón de inmigrantes llegaron a Alemania el año pasado refugiándose de la guerra y de las dificultades económicas en su nación.

Pero la situación actual es que la entrada de refugiados ha ido creciendo a lo largo de los meses y su llegada es incesante. Varias fuentes calculan que llegaran entre 3 y 3,5 millones de refugiados hasta el 2020 a Alemania, unas cifras realmente alarmantes.

Hasta el momento, Alemania se encuentra “sola” ante el problema de los refugiados que, en su forma y magnitud actual (casi a diario llegan 10.000 refugiados en las fronteras arias), desborda todas las previsiones. Por ahora, los esfuerzos del gobierno federal por vincular a los Estados miembros de la Unión Europea a un sistema de reparto como el de los Estados federados alemanes han sido condenados al fracaso. Y es que por ley, todos los Estados están obligados a acoger a los solicitantes de asilo según una cuota que tiene en cuenta la capacidad económica y la población de la región. En septiembre del año pasado, Hungría se opuso a él, y, más tarde, Reino Unido rehusó el plan.  Curiosamente, Francia dio su respaldo verbal al gobierno de Angela Merkel, pero no acogió a ningún refugiado. Lo mismo se puede decir de los demás países europeos cuyo soporte o cooperación ha sido escasa o inexistente.

Ante esta situación, el Gobierno germano aprobó el pasado 25 de mayo la ley de inmigración para facilitar la integración del más de millón de refugiados que llegaron al país. Una ley con doble principio “fomentar y exigir”. La nueva ley, la primera de este tipo que adopta Alemania, engloba medidas para un mejor acceso de los migrantes al mercado laboral como lecciones de alemán, beneficios sociales y alojamiento. Pero al mismo tiempo contiene recortes de prestaciones sociales para aquellos refugiados que rechacen las ofertas para integrarse en la sociedad alemana, como son los cursos para aprender el idioma. En pocas palabras, sancionar a quienes no cooperen en el empeño. Y es que la entrada tiene un precio: integrarse al país, cultural y socialmente.

Sin embargo, la ley incluye un polémico artículo por el cual el Estado podrá obligar a los asilados a residir en un lugar determinado durante tres años para distribuirlos de forma proporcional por todo el territorio alemán y evitar que surjan “guetos” en las grandes ciudades.  Los inmigrantes podrán decidir dónde asentarse de forma definitiva después de haber presentado suficientes pruebas de su voluntad de “acogerse” al país. En este contexto, se me plantean ciertas cuestiones: ¿es una ley abusiva?, ¿está acorde con los derechos humanos?, ¿se ha visto obligada Angela Merkel a poner estas medidas? No podemos olvidarnos que el crecimiento de la economía a principios de este año ha sido del 0,7%,  sobre todo debido al consumo privado, parte de él, gracias a los inmigrantes.

Sin embargo, y si la ley avanza en la evolución y línea correcta, si en 2016 se mantiene la llegada de refugiados a Alemania en la misma escala, se producirá sin duda una explosión de los costes. Faltaran viviendas, escuelas, profesores, policías, bomberos, médicos y enfermeras, entre otros. Entonces, ¿llegará a completarse la integración sin la colaboración del resto de Europa?

Sin duda, la crisis de los refugiados ha puesto de manifiesto la mala integración de la comunidad de los estados miembros que ya no sólo están mostrando dificultades a nivel de acuerdos económicos sino también en otros nuevos problemas como la política y/o sociedad.  Alemania toma la iniciativa con leyes para acoger a los nuevos acogidos, pero ¿realmente podemos pensar en una Europa unida frente a las diferentes situaciones que se producen? ¿O simplemente estas decisiones independientes, exitosas o no, serán el inicio de una “fractura” en la comunidad?

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Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universitat de Barcelona y con MBA Executive por la escuela EAE Barcelona. Dispongo de más 12 años de experiencia en el área financiera, siendo los 4 primeros dentro de la firma PricewaterhouseCoopers, S.L. como auditora y el resto dentro de la multinacional farmacéutica Sanofi-aventis, S.A. Dentro de Sanofi España encargada de liderar proyectos de transformación y mejora continua, así como estrategias de negocio a nivel Iberia. Posteriormente, en Sanofi-aventis Deustchland en dónde he liderado proyectos a nivel Europeo y des del pasado mes de Octubre a nivel Mundial con sede en Barcelona como Global Accounts to Report Project Leader.

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