Análisis del proceso de gentrificación de las ciudades

Entendemos por gentrificación, término que se ha puesto de moda, el “proceso de transformación en el que se produce una expulsión de población y una sustitución posterior por una clase social de mayor poder adquisitivo y cultural”.

Pese al sentido crítico del término original (cuya traducción mas adecuada sería la de ‘elitización residencial’ o ‘aburguesamiento’), los que lo defienden venden el proceso como una bonita metamorfosis.

Este fenómeno de regeneración urbana, hace que los antiguos vecinos de los barrios empobrecidos se vean desplazados y reemplazados por estos nuevos inversores, que disfrutan de estos distritos de moda renovando el entorno y haciendo mejoras en el barrio, que pasa a tener un coste de vida más elevado. La vivienda pasa a ser un activo financiero más.

Pero, ¿qué consecuencias reales tiene más allá la gentrificación?

Aunque pueda parecer que todo son ventajas por el hecho de dotar de mejores equipamientos estos barrios, lo cierto es que están condenando a barrios abandonados y a su gente, normalmente los más vulnerables como ancianos, jubilados o personas con bajos ingresos, provocando el abandono de quienes han luchado por el barrio durante toda la vida y que, cuando por fin mejora, no pueden disfrutarlo, al verse totalmente desprotegidos y sin poder oponer resistencia.

Con esto también se pone el riesgo de identidad de estos distritos, despersonalizándolos, degradándolos, siendo el turismo la causa principal de estos catastróficos efectos y las nuevas tecnologías uno de los motores que lo impulsan.

Desde el punto de vista urbanístico, supone una mejora de las condiciones de vida en determinados barrios masificados. Es precisamente esto lo que argumentan los defensores de esta tendencia, alegando que revitaliza y transforma barrios deprimidos o de clase media-baja en lugares de moda. Otros dicen que gentrificación es sinónimo de expulsión, no de recuperación.

Los inversores inmobiliarios rastrean qué barrios se pueden poner de moda para adquirir viviendas y locales a bajo coste que más tarde podrán vender a un precio más elevado cuando se transforme en un entorno más atractivo y se revalorice, aprovechando intervenciones en el espacio público con dinero público. El mercado inmobiliario sobresale por encima del resto por su enorme capacidad de acción. Los centros históricos y la costa son los principales focos de interés.

Algunas de las grandes  metrópolis que han sufrido este fenómeno han sido Nueva York o Londres.

A nivel nacional, la gentrificación está afectando especialmente a Barcelona, la ciudad española con los alquileres más caros (17,4€/m²), donde  en zonas como la Barceloneta y el Born las viviendas aumentaron un precio un 262% entre 2000-2007, y Madrid. Y es que en barrios como Poblenou en la Ciudad Condal ha pasado de ser una zona humilde e industrial a un distrito cosmopolita, o Malasaña y Chueca, en la capital, que han pasado de ser barrios referencia de la Movida madrileña en los años 80, donde predominaba la prostitución, la delincuencia y el tráfico de drogas a zonas cool y de gran ambiente. Otros barrios donde se han revalorizado enormemente los inmuebles son los de El Raval y Lavapiés.

En España hay un 30% de alquileres, por sólo un 1% de alquiler social, con unos niveles de alquiler muy altos y un nivel de protección muy bajo, lo que convierte a determinadas zonas de sus principales ciudades en focos propicios para la inversión de capitales globales (inversores extranjeros particulares y fondos de inversión suponen ya un 14% de los compradores en España).

Para evitar esto se deberían tomar medidas como el control del precio de los alquileres (estableciendo límites como han hecho en Berlín o París fijando topes legales), la regulación de los apartamentos turísticos o la ampliación de las viviendas sociales en barrios en peligro de gentrificación, aparte de producirse una movilización social de los vecinos para hacer fuerza en pos de una causa que el poder político no supo paliar a tiempo.

Los próximos años serán claves para ver qué cotas alcanza un fenómeno tan difícil de frenar como este. Está bien recuperar los barrios, pero no acabar con ellos.

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